@CICR_es La luz del día entra descaradamente por la ventana y hay café recién preparado. Los sonidos de la calle –los coches, la gente, los pájaros– son los habituales en un sábado. Pareciera que la parsimoniosa cotidianidad sigue su curso. Solo pareciera, porque luego leo que, en Yucatán, un hombre discutió con su mujer, cortó su rostro de un navajazo y la dejó con una sonrisa forzada de guasón. Todo frente a sus hijos. Mientras tanto, en Siria, la guerra continúa y de nuevo circulan en internet las fotografías y el video de “otro niño” rescatado tras un bombardeo en la ciudad de Alepo. “No es la imagen más cruel del conflicto” y “no es un caso excepcional”, destacan algunos periodistas, pocos. Sin embargo, para el resto de la humanidad se convierte en “La Imagen” (¿del desastre?, ¿de nuestro patético silencio?). En momentos así, es cuando la luz, el café, los sonidos de la calle y la cotidianidad no bastan. Cuando no se requiere ser filósofo, o Premio Nobel, o correspon...
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