En una frase:

"Estamos constantemente olvidando. El arte se resiste y trabaja contra ese borrado natural y sistemático. Hay hechos. Hay testigos. Hay memoria. Tenemos pasado. Hay historia madre y hay literatura".
Daniel Ferreira.

Entrevista a Gloria Serrano: periodista y vecina de Lavapiés


Entrevista publicada en el núm. 61 de:

"Parte de la razón por la que pienso que los reporteros son tan importantes es porque veo lo que pasa cuando desaparecen" - Timothy Snyder

Hola Gloria, cuéntanos un poco de ti. Tu edad, tu formación, experiencia: 

R. Nací en el 77, soy comunicóloga y gestora cultural; estudié el Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales en la Universidad de Zaragoza. La mayor parte de mi trabajo lo he realizado en México y los últimos años aquí en España, principalmente en la cobertura de actividades culturales, derechos humanos, activismo, innovación social y participación ciudadana. También hubo un tiempo en que me dediqué al diseño editorial, combinado con la mercadotecnia y la publicidad. 

Eres Vecina del barrio, periodista y compañera de nuestro periódico NHU. Cuéntanos, cuánto tiempo llevas por el barrio y por qué decidiste instalarte aquí: 

R. Llegué a Madrid en 2015 y al año siguiente me instalé en Lavapiés, casi que por azar. Entonces buscaba piso, algo económico y pequeño, “mi habitación propia”, y un amigo me comentó que había uno en alquiler con esas características en este barrio. Cuando conocí a mi casero —Antonio, un chico miembro de la Red de Huertos Urbanos de Madrid— la química entre ambos se dio de manera inmediata, nos hicimos amigos y ninguno dudó en firmar el contrato. Para mí fue todo un descubrimiento, pues no sabía nada del lugar, así que sus calles se convirtieron en un territorio que comencé a explorar con una mirada muy limpia, quizás ingenua, de quien no cuenta con ningún antecedente y tiene todo por aprender. Lavapiés me reveló otro Madrid fascinante, completamente alejado de las postales turísticas, de la Gran Vía y Cibeles. 

Gloria, tú eres mexicana. ¿Ves muchas diferencias entre la vida en España y tu país de origen? 

R. Sí. Creo que contrastar la vida en ambos países es inevitable y uno de los aprendizajes más valiosos que deja el migrar. Después de un tiempo se adquiere una mirada más realista y balanceada de cuanto ocurre en uno y otro lado del océano. En un principio, la diferencia más notoria fue en cuestión de seguridad pública; me refiero a caminar por cualquier sitio sin temor a sufrir un asalto. En México la violencia ha permeado en todos los ámbitos y la gente vive con el miedo constante de ser víctima de la delincuencia organizada, de que le roben el bolso, la extorsionen o pierda la vida en un secuestro. Por otro lado, también es cierto que existen muchos lazos que unen a nuestros países más allá de los rasgos distintivos de cada sociedad. Compartimos elementos culturales, pasajes históricos, gastronomía, música — la jarana yucateca tiene parte de sus raíces en la jota aragonesa, por ejemplo. Y, por supuesto, está la lengua como vínculo decisivo. Pero, a fin de cuentas, la semejanza fundamental es que somos seres humanos, con sus luces y sus sombras. Viajar me ha enseñado que a las personas no nos define —o no debería definirnos— un pasaporte. 

He visto que publicas de manera independiente en diferentes medios de comunicación. En tu blog, escribir es poblar, indicas que es importante cambiar la forma de contar el mundo…Cuéntanos el sentido de esta frase: 

R. Si bien gracias al desarrollo tecnológico ahora existen soportes y recursos narrativos de lo más variados —audio, video, imagen— pienso que, de fondo, seguimos contando la vida en función de buenos y malos, de vencedores y vencidos, sin matices. Y teniendo como prioridad el alcanzar cierto nivel de audiencia cueste lo que cueste. En este sentido, la tragedia y el espectáculo siguen siendo los temas prioritarios en la agenda mediática, porque generan más visitas a las webs —clickbaits— y, en consecuencia, otras tantas noticias no se difunden. La periodista Cristina Ávila Zesatti escribe al respecto en su libro “La paz que sí existe y el periodismo ignora”. Igual la periodista Leila Guerriero, que en distintas entrevistas se ha referido al hecho de que las noticias buenas o una reseña de teatro difícilmente ganarán premios de periodismo, pues quedan opacadas por las crónicas de guerra, por las fotos más impactantes de la represión en Venezuela o los Sanfermines. En mi caso, me interesa contar esa otra cara de la vida, la del ciudadano común que de formas diversas mantiene vivo y articulado el tejido social. 

“Saber mirar y saber decir” son los principales retos del periodismo que aspira a no quedarse en el olvido, que intenta contar algo más que una simple historia. Para mí, cultura se escribe en plural, es la fiesta de lo colectivo... 

R. Sí, primero aprender a mirar alrededor, que es distinto de ver. Luego, ejercitarse en el arte de saber narrar, más allá de los datos duros y de los adjetivos que solo adornan o descalifican. El periodista Julio Villanueva Chang, peruano, dice que se trata de escribir para que el hecho quede en la memoria de los lectores. Perdonen que mencione tantos nombres, pero son los profesionales de quienes he aprendido el oficio. Aunque, quizás, el principal ha sido mi abuelo materno, a quien recuerdo siempre cerca de una máquina de escribir. Él no sabía de géneros periodísticos ni plataformas digitales, pero sí de escuchar los relatos de la gente y plasmarlos en su columna diaria. 

¿Qué has encontrado en nuestro periódico NHU? ¿Cómo valoras el tipo de medio de comunicación que es, con su consejo abierto de redacción? 

R. Encuentro, ante todo, un espacio abierto e incluyente para hablar de lo que nos pasa, con una agenda propia, sin dejar de lado el contexto nacional, regional y global en el que esto ocurre. Me parece indispensable el periodismo que, a diferencia del que busca en Wikipedia o replica los dossiers de prensa, se realiza “a pie de calle” y —todavía— requiere salir y ver para después contar. Considero un acierto abrir el consejo de redacción a la comunidad, pues permite que en sus páginas se refleje la pluralidad de opiniones presentes y disímiles que se escuchan en el barrio. Es poco el tiempo que llevo colaborando, pero nunca me “han tirado línea” o censurado.


He leído una frase tuya recordando a Saint Exupery; No hay que aprender a escribir, sino a ver. Escribir es una consecuencia ¿Puedes explicarlo? 

R. Por lo general, quienes escriben o desean hacerlo están más preocupados por aprender técnicas, estrategias, estilos narrativos, que por desarrollar una auténtica mirada propia. Creo que el verdadero arte consiste en aprender a mirar la realidad, en afinar el ojo y detenerse a observar desde todos los ángulos para encontrar esos matices de los que te hablaba hace un momento. Comprender —un poquito más y mejor— las dinámicas de Madrid, me ha llevado meses y meses de recorrer cada uno de sus distritos, desde el barrio de Salamanca hasta Usera, pasando por Tetuán y Villaverde. Así es como he podido percibir los contrastes entre un domingo en Lavapiés y otro en Chamartín. 

Gloria, ¿tú cómo te emplazas ideológicamente? ¿Quién es tu fuente de inspiración? 

R. Pienso que el periodismo, como casi todo lo que hacemos las personas, lleva una carga de subjetividad. Pero intento no contar el mundo a partir de determinada ideología, incluso desde ningún autor o referente teórico; es decir, sin ponerle un filtro o velo a la mirada. Siempre he dicho que los grandes maestros de un periodista son fotógrafos, filósofos y poetas. Los primeros nos enseñan a mirar —a encuadrar o a ver la vida en panorámica. De los segundos aprendemos a pensar y de los poetas cómo decir con precisión aquello que pensamos. En lo personal, procuro hacer todo tipo de lecturas, no tengo ninguna prohibida o favorita. Me nutro tanto de una canción como de una película; aprendo del análisis sociológico de Saskia Sassen como de las reflexiones del chef Andoni Luis Aduriz. 

¿Cómo ves el barrio de Lavapiés? Salió un artículo publicado de que era el barrio más cool del mundo pero los que estamos aquí sabemos que hay muchos problemas y los vecinos están muy cansados de la problemática que hay en el barrio. 

R. Hay que decirlo: no es “cool” caminar por calles sucias o saber de la existencia de narcopisos. Tampoco enterarse del cierre de los comercios locales o de que un vecino de toda la vida tuvo que dejar su vivienda por la subida del alquiler. Si bien Lavapiés es evolución permanente, como alguien me dijo, los últimos años el barrio ha sufrido una transformación impresionante y acelerada que lo está convirtiendo en un parque de atracciones, como Epcot en la Florida. Ahora es un set de filmación que dista mucho de reflejar la realidad cotidiana en Madrid. Me parece una pena que el Ayuntamiento permita su deterioro y privilegie la llegada masiva —y poco sostenible— de turistas en detrimento de la calidad de vida de los residentes. En términos de un capitalismo voraz, representa venderse al mejor postor, a cualquier precio. 

¿Ha cumplido el barrio de Lavapiés con tus expectativas de multiculturalidad y compromiso social? 

R. Siendo honesta, llegué sin ninguna expectativa acerca del barrio, más bien esperando lo inesperado. A pesar de los problemas, sigo pensando que Lavapiés es ese lugar donde uno se forja, tal como lo describe Arturo Barea: “donde se aprende a odiar y a querer”. Y a “sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba”. Si quieres entender qué significa hoy en día la migración, necesariamente tendrías que pasar por aquí. 

¿Como ves la gestión del Gobierno de Ahora Madrid en la ciudad y en el barrio? Qué carencias crees que tiene este gobierno? 

R. Es deficiente, el Ayuntamiento se ha quedado chico frente a las demandas del barrio y de la ciudad. Percibo que para quienes vieron una posibilidad de cambio con la llegada del nuevo gobierno, las gestiones han resultado una gran decepción. Se “maquillan” los problemas con murales y reformas en los parques, pero no se atacan las causas desde su raíz, como la precariedad social, la especulación inmobiliaria, la discriminación por racismo y xenofobia, o la temporalidad de los empleos. 

Gloria, puedes contarnos cuál es tu proyecto vital? ¿Confías en la gente y las posibilidades de cambio? 

R. Es una pregunta compleja porque ese proyecto vital va cambiando a través del tiempo, nunca es uno inamovible, mucho menos ahora que hay tanta incertidumbre en todos los aspectos de la vida. Sin importar la profesión, el lugar donde nos encontremos o las condiciones, cada uno ajustamos una y otra vez la ruta de navegación para sortear los temporales. Para responder, diría que mi proyecto vital es aprovechar al máximo el tiempo que me corresponde estar aquí. Hablo de mantener ese estado de consciencia que David Foster Wallace describe con esta frase: “El tipo de libertad realmente importante implica atención y consciencia, y disciplina, y esfuerzo, y ser en verdad capaz de cuidar de la gente y sacrificarse por ella, una y otra vez, a través de una miríada de maneras, pequeñas y poco sexys, cada día”. Sin ser cándida, claro que confío en la capacidad de transformación del ser humano. Somos procesos, seres inacabados en constante reinvención y dentro de una línea de tiempo más extensa de lo que alcanzamos a divisar. En cuanto a los grandes cambios sociales, a las revoluciones tal como las concebíamos el siglo pasado, pienso que han terminado para dar paso, insisto, a esa “miríada de maneras, pequeñas y poco sexys, cada día” de alterar el curso de los acontecimientos. Estos modos son lo que quiero contar a través de la palabra escrita, del periodismo. 

¿Eres mecanicista o crees que el futuro depende de intenciones humanas o de procesos que escapan a nuestro control? 

R. No sé si mecanicista es el término adecuado, pero estoy convencida de que el mayor recurso de cualquier sociedad no es el tecnológico, sino el humano. El factor humano, nuestras filias y fobias juegan un papel determinante en las acciones que llevamos a cabo. En pleno auge de lo digital, cuando se habla de inteligencia artificial y se contempla la vida a través de una pantalla, las personas seguimos siendo pensamiento y emoción, ambos irremplazables por ninguna máquina. Por supuesto, hay situaciones sobre las cuales tenemos capacidad directa de incidir y otras que escapan a nuestras posibilidades, que nos rebasan o están fuera de nuestra competencia. Aprender a diferenciarlas es el reto. 

Gloria, ¿quieres decir algo más? 

R. Agradezco a NHU la oportunidad que me han brindado para expresarme e invito a los vecinos del barrio a sumarse a este esfuerzo, ya sea leyendo su contenido o colaborando con un escrito. El periodismo es una conversación, un diálogo colectivo que generamos entre todos y que se enriquece cuando las voces son más, cuando no son solo algunas o las de siempre, o las más populares.

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