En una frase:

"Los pueblos siempre recuerdan, pero una forma de ayudarles (y ayudarnos) a recordar es describir cómo era el pasado cuando aún era presente", Mario Benedetti.

Teatro: una luz de esperanza frente al abuso infantil

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

Entrevista publicada en:


En verano no todo es desgana, plazas y parques vacíos. Síndrome Belacqua, grupo teatral mexicano, llegó al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro para romper con la “calma unánime” de las vacaciones, “sin mercaderes ni paraguas, sin comitivas ni mítines” —sobre la que escribió Mario Benedetti— y exponer un tema duro, pero del que es indispensable hablar: el abuso sexual infantil. De paso por Madrid, en una cafetería en el barrio de Malasaña y cuidando cada céntimo de su presupuesto, esto es lo que tres de sus integrantes nos dijeron:

EL FESTIVAL 

Colombia fue el país invitado a la edición 41 de un festival que, del 5 al 29 de julio, ofreció una programación nutrida y diversa. Para los asistentes, la oportunidad de apreciar adaptaciones de clásicos como La Celestina, de Fernando de Rojas; Macbeth, de William Shakespeare o El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina. Las obras de Lope de Vega o Sor Juana Inés de la Cruz se presentaron en una muestra que incluyó conciertos de música sefardí y son barroco cubano en espacios por demás emblemáticos, entre ellos el Corral de Comedias y el Palacio de Oviedo. En este contexto hizo su debut Síndrome Belacqua con una puesta en escena que reclamó la madurez y sensibilidad de los espectadores. 

Esta es la primera ocasión que visitan el país, ¿cómo ha sido la experiencia? 

Ulises Vargas: Llegamos a España para participar en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en la categoría de Barroco Infantil, el certamen en que se presentan obras basadas en textos clásicos dirigidas a niños. Como grupo también logramos gestionar una pequeña gira en dos ciudades de Andalucía, Morón y Jerez de la Frontera. Para mí, en términos generales, ha sido una experiencia de reconocimiento de lo que somos y hacemos a partir del rebote que tiene en otras personas. Ha sido darnos cuenta de que estamos haciendo un teatro que aborda temas difíciles, pero tratados con mucha sutileza y respeto. 

¿Cuál fue la reacción de los asistentes frente a su planteamiento? 

Ulises: Siento que hay un público agradecido. Con los niños el contacto es inmediato, quieren hacerse fotos con Caperuza y tocar los instrumentos, pero en la retroalimentación con los papás el comentario es de agradecimiento porque se van con herramientas para después tratar el tema en casa. Esta es nuestra primera obra de teatro para niños, trabajando con objetos y con musicalización en vivo, lo que nos llevó a equilibrar nuestras fuerzas y saberes. Aún tenemos todo muy fresco, pero la experiencia ha sido de descubrimiento.

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

LA OBRA 

Una dramaturgia creada por adultos que tiene como destinatarios a los niños —y en esta ocasión, también a sus padres. Se dice fácil, pero lograrlo requirió no solo de personajes caricaturescos y vestuarios coloridos, sino de un proceso de investigación previo que permitiera conjuntar aprendizaje y diversión. Como lo expresan sus creadores, detrás de Feroz hay todo un empeño en sacar a los espectadores de la pasividad y, emulando a Celaya, hacer del teatro “un arma cargada de futuro”. 

¿Cómo surgió la idea de realizar una obra infantil? 

María José Pasos: Feroz surgió como surgen el resto de nuestras producciones: uno de los miembros pone sobre la mesa cierto tema que le inquieta o resuena y el equipo lo abraza, lo integra. En este caso fue Susan Tax, actriz de la obra, quien trajo el tema de la prevención del abuso sexual infantil ya que es profesora y en su práctica docente se enfrentó con casos de niños que han atravesado por este problema y no saben qué hacer. También porque observó que a las escuelas llevaban espectáculos infantiles de pésima calidad. Así comenzamos toda una investigación sobre el trabajo terapéutico, las etapas por las que pasan los niños y el lenguaje teatral que queríamos utilizar. 

Cuéntanos más acerca de este proceso… 

Majo: Discutimos mucho hacia dónde queríamos llevar la puesta, qué tipo de teatro infantil queríamos hacer. Esta es una obra que ha ido cambiando, al igual que nosotros, y que, básicamente, retrabaja el cuento tradicional de Caperucita Roja para transmitir un mensaje. La aportación que hicimos al festival fue apropiarnos de un tema clásico para abordar un asunto contemporáneo. El resultado fue evidente, nos comentaron que se trató de una propuesta arriesgada, de las que el público español no está acostumbrado a ver, pero al final fue bien recibida. Obtuvimos una mención especial y la gente salió muy contenta, conmovida. 

¿Cómo se sienten con este resultado? 

Arathy Fernández: Quizás la gente no esperaba una obra como Feroz, sino otra de menor profundidad, pero me voy feliz porque veo que estamos haciendo bien las cosas y esto tiene su recompensa. Cada uno de mis compañeros es genial en lo que hace y el conjunto es muy fuerte.

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

LA AUDIENCIA 

El abuso sexual infantil es otra de las camaleónicas caras de la violencia, una problemática mundial y un delito más frecuente de lo que se piensa, que vulnera los derechos humanos y ocasiona un daño real o potencial en las víctimas, los niños y niñas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos de niños. 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en la infancia. 

Es esta organización la que también sugiere abordar el problema desde un enfoque transversal, es decir, que toque disciplinas diversas y en el que se involucren distintos sectores de la sociedad a fin de “aportar conocimientos y técnicas positivas para la crianza de los hijos, así como para reducir el riesgo de repetición del abuso y minimizar sus consecuencias”. En este sentido y como lo demuestra Feroz, el teatro tiene mucho para contribuir. 

¿Percibieron alguna diferencia entre el auditorio de México y el de España? 

Arathy: Aquí los niños son más efusivos, no se limitan al momento de expresarse. Para mí es contrastante —incluso al verlos en la calle—, porque nuestro mensaje es que se manifiesten y usen la voz. 

Majo: Me llevo de reflexión que este tema no es exclusivo de México, sino que está presente en cualquier lugar, lo que es muy triste e indignante, pero a la vez nos hace pensar que son el tipo de cuestiones que deben verse reflejadas en el teatro infantil. 

Ulises: No es lo mismo quien va al Festival de Almagro a los que asistieron a ver la obra en los centros sociales donde estuvimos. Por ejemplo, en la función en Jerez —un espacio bastante precario— los niños respondieron muy asertivos y empoderados. Me explico: desde el inicio se plantea el conflicto entre Caperucita y el lobo a manera de una pesadilla; en la segunda escena, cuando la madre de Caperucita le pregunta qué sucede, de inmediato los niños comenzaron a gritar “¡Es el lobo feroz! ¡Es el lobo feroz!”. Fue increíble porque eso te habla de la capacidad y seguridad que tienen los niños para usar su voz. Culturalmente es muy contrastante, pues en México vemos las caritas de los niños enganchados con la obra, pero les cuesta mucho hablarlo. En la presentación que dimos en Guanajuato hubo un niño que vomitó. 

Majo: Esa presentación la hicimos en la periferia, en los barrios bajos de León. Fue muy especial porque antes de salir a escena nos indicaron que entre los asistentes se encontraban niños que habían sido abusados por un adulto. Entonces percibimos un involucramiento distinto a lo largo de la obra. Como dramaturga, Feroz me implicó un esfuerzo porque no escribo para niños, que son un universo totalmente distinto. Edité muchas cosas para no hacer un texto complejo, puesto que la complejidad ya está inmersa en el tema y, por otro lado, quería que los niños se apropiaran de la obra.

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

TRAS BAMBALINAS 

Representar para tomar distancia del hecho, de la realidad y el dolor que en ocasiones provoca. Dirigirse a las audiencias de una manera diferente a como lo hacen el periodismo, la política o la academia. Así es el teatro y su paleta de recursos para conmover, comunicar y contar. “En el fondo, teatro y filosofía buscan crear en los sujetos una convicción nueva”, afirma Alan Badiou. Para Síndrome Belacqua esta es un requisito del arte, ir más allá del ocio para hacer del acto creativo un alimento nuevo que contribuya a comprender las contradicciones de la vida. 

El trabajo previo ha sido la piedra angular del que realizan en escena… 

Ulises: Cuando entramos en un proceso creativo estamos dispuestos a partir de cero. Por eso nuestros procesos son muy largos, porque nos preguntamos todo: qué historia queremos contar, cómo la vamos a abordar, con qué técnica, qué pensamos de la representación. En este caso no teníamos considerado hacer un teatro de objetos, lo decidimos al ver que utilizar títeres resultaría mejor que caracterizar a adultos de niños. Por su parte, Arathy constantemente está afinando la escenografía para que el concepto termine de cuajar. Nara, codirectora de la obra, tiene el ojo muy afilado para quitar lo que no se necesita y generar algo cada vez más potente. El trabajo ha sido muy democrático en el sentido de que todos hemos puesto en ello algo de nosotros. 

Es una obra que siguen construyendo a partir de los aprendizajes que obtienen en cada presentación… 

Ulises: El proceso ha sido de repensarnos todo el tiempo. Cuando tratamos un tema es porque primero nos resuena en el pecho, nos pasa por el corazón. La obra tiene música en vivo y el canto es muy importante porque Caperucita pierde la voz después de que el lobo la abraza, entonces tiene que realizar un viaje interior para recuperarla. En las primeras exploraciones el canto era tímido y la melodía repetitiva, ahora han evolucionado y adquirido el nivel de sofisticación que se requiere para enriquecer la historia. 

Al terminar cada función llevamos a cabo un taller que, debido a lo delicado del tema, nos obligó a definir nuestros límites en el entendimiento de que el teatro puede abrir puertas, pero no solucionar ciertas cosas. Para conseguirlo contamos con la colaboración de una psicóloga que nos propuso diversas dinámicas con las que hablar de la incomodidad, del miedo, de la culpa. Finalmente llegamos a la conclusión de que el taller debía girar en torno a la prevención, mostrarles a los niños que existe un espacio personal que les pertenece y pueden proteger. Que aprendan a identificar la sensación de incomodidad que uno siente al ser agredido, que aprendan a reconocer a un lobo. 

¿Qué les ha aportado este esfuerzo actoral y personal? 

Ulises: Para mí la obra ha sido una gran enseñanza en el sentido de que mi enfoque suele ser bastante pesimista y hago demasiadas abstracciones, así que tuve que aterrizar en lo concreto y ofrecer un final muy claro que dejara un mensaje de esperanza. Entre las lecturas previas que tuvimos, una sugiere que el teatro para niños es un teatro político y se les debe hablar de todo porque viven el mismo mundo que nosotros. La diferencia con el teatro para adultos radica en que en el teatro infantil el creador tiene el compromiso de señalar una luz de esperanza, decirles a los niños que siempre hay una salida.

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

EL EQUIPO 

Síndrome Belacqua es un grupo de creadores escénicos con sede en Mérida, Yucatán, cuyos proyectos dialogan constantemente con otras disciplinas situadas dentro y fuera del arte. Sus integrantes, nos dicen, conciben lo político en el teatro como “la generación de experiencias sensibles y espacios de convivencia”. En la actualidad, su objetivo es consolidarse “como un grupo cultural generador de procesos de investigación, artísticos y pedagógicos que promuevan territorios de libertad e imaginación a favor del desarrollo humano y de nuestra comunidad”. 

Hablemos de Belacqua como colectivo teatral: 

Majo: Belacqua es un grupo de teatro formado por ocho personas que participaron activamente en esta pequeña gira por España. Nuestro rol es de creadores y de gestión. Ulises Vargas y Nara Pech son los directores. Arathy Fernández se encarga del diseño de la producción y del taller al final de la obra. También están las actrices Susan Tax, autora de la idea original, y Gina Martínez, gestora de la organización para asistir al Festival de Almagro. Refugio García es nuestro músico y Carmen Ordoñez la diseñadora gráfica y responsable de la imagen de la campaña de microfinanciación. Yo soy dramaturga y también hago de relaciones públicas. 

¿Qué planes tienen a su regreso? 

Majo: Nos llevamos varios contactos y comunicación con otras compañías participantes en el certamen de Barroco Infantil. Ahora queremos compartir experiencias y ver qué podemos hacer juntos a mediano plazo. La mención especial que recibimos es una llave para que Feroz siga creciendo. En particular, regresamos a Yucatán para presentar Bitácora de Guerra y producir una obra dirigida a la primera infancia, a bebés.

"Feroz", una producción de Síndrome Belacqua

LA GESTIÓN CULTURAL 

No solo son ensayos y después ejecución —aplausos. Las dificultades del mundo contemporáneo han reclamado de los artistas y creadores un mayor nivel de ingenio, de preparación para su ejercicio profesional. Comprender el funcionamiento del sector cultural y los procesos de participación ciudadana, implementar estrategias de economía colaborativa, fomentar la cooperación internacional y el diálogo intercultural, son algunos de los tantos aspectos que involucra la gestión de la cultura en las sociedades globalizadas. En consecuencia, traer Feroz a España no fue la excepción. 

Realizaron una campaña de financiación colectiva o micromecenazgo… 

Ulises: Sí, esta experiencia por España es el reflejo del proceso grupal que estamos viviendo a nivel de gestión y modelo de producción, aprendiendo a trabajar a través de una estructura mixta en la que, si bien dependemos de las subvenciones gubernamentales, —pues no podríamos estar aquí sin el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA)— también de la vinculación con nuestros públicos en Mérida y del apoyo de la comunidad a través de la plataforma de financiamiento. Fue algo muy bonito, hubo gente que hizo donativos en especie y organizó otras campañas. La Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) también nos apoyó. Hemos sido muy afortunados, pero no solo eso, lo que hemos logrado ha sido producto de crear redes y entender que nuestro trabajo sucede en una relación permanente con las personas. 

¿Primero las personas y, luego entonces, la economía? 

Majo: El teatro se sostiene gracias a las relaciones humanas de ambos lados del escenario. Esto fue decisivo al momento de gestionar nuestro viaje. Es muy fuerte saber que no estamos solos y que Síndrome Belacqua somos más que ocho personas. Cuando piensas en tu público desde el inicio, cuando te preguntas cómo va a transformar una obra a la gente; en fin, cuando trabajas desde una ética, el público es quien te da las respuestas y te brinda un soporte. Es un modelo de producción muy gratificante y eficiente. 

Ulises: el trabajo en red es muy importante. En Mérida existe la Red Alterna de Teatro que fomenta la relación y colaboración entre grupos teatrales para compartir enseñanzas, prácticas, diseño de estrategias y donde, cada vez, es más claro que la creación artística —escénica o no— va más allá de un producto. No se trata de llenar una función, sino de desarrollar un proyecto que tenga cierta pertinencia para que la gente lo haga propio. Eso ha sucedido con Feroz, la gente no solo se ha visto identificada con la obra, sino que ha abrazado a la compañía. 

Majo: Sí, son pequeñas comunidades que, quizás, representen el comienzo de algo que puede crecer e involucrar al teatro no solo como entretenimiento, sino por su capacidad transformadora de la sociedad. 

¿Hay vida para el teatro dentro una sociedad capitalista y altamente tecnologizada? 

Ulises: Creo que esto es generacional. Estamos viviendo un entorno en el que hay cada vez menos apoyos, lo que ha impulsado nuestra creatividad para desarrollar nuevos mecanismos fuera de los institucionales. Los creadores acostumbrados a trabajar en red es lo que estamos haciendo. 

Se trata de una filosofía de vida… 

Ulises: En Sudamérica, en diferentes escalas, hay toda una tradición de artistas que además son gestores y desarrollan sus propias iniciativas, la manera en que deben ser leídas, incluyendo el tipo de relación con los espectadores. Este año una compañía de danza chilena estuvo de residencia en Mérida y nos hablaron de la red DanzaSur que conforman sesenta compañías que llevan a cabo encuentros e intercambios. Y hace poco, en México se realizó el Congreso Nacional de Teatro para abordar las artes escénicas desde la ética y generar iniciativas de ley, revisando cómo creamos, cómo producimos y cómo nos relacionamos con el público. Esto ha derivado en redes de trabajo a nivel nacional con una agenda muy específica y con miras al siguiente congreso. Insisto en que tiene que ver con toda una generación. Este congreso fue impulsado por becarios que primero asistieron a la Muestra Nacional de Teatro, jóvenes que lanzaron la convocatoria para el congreso y lograron contar con la presencia de representantes de los treinta y dos estados. Lo que quiero decir es que los grandes nombres del teatro no estuvieron ahí, sino nosotros, los millennials.

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ANTES DE CORRER EL TELÓN 

La organización Save the children define el abuso sexual infantil como “una manipulación de niños, niñas y adolescentes, sus sentimientos, debilidades o necesidades, basada en una desigualdad de poder”. Según su informe Ojos que no quieren ver (2017), el número de denuncias por agresiones sexuales a menores en España aumentó un 5 por ciento en 2016. En promedio, reporta, un niño puede sufrir 4 años de abusos y solo un 15 por ciento de los colegios en los que el niño ha contado que ha sido víctima, lo han notificado a las autoridades. 

Distintos estudios realizados arrojan datos similares: entre un 10 y un 20 por ciento de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia. Como la OMS, esta ONG coincide en que la mejor forma de prevenir y reducir los casos de abuso a la mitad es a través de la formación de niños y niñas, dando a padres y madres herramientas de parentalidad positiva e instruyendo a los profesionales que trabajan cerca de los menores para que sepan identificar situaciones potenciales de violencia. Se precisa de un abordaje integral, explican en una carta publicada recientemente en El País con el soporte de James Rhodes, el músico inglés que radica en Madrid. 

Para la protección de la infancia nada sobra. En Almagro y Andalucía, Síndrome Belacqua ha dejado expuestos la energía desprendida de un escenario y sus efectos positivos en el espectador —su aliento. En Feroz, vestuario, decorado, texto, luces, interpretación y ocupación del espacio son elementos de un todo más grande destinado a interpelar a la sociedad para, como sugiere Badiou, convertirse en un “acontecimiento de pensamiento”, en una idea viva. Son las artes escénicas como algo que se h-a-c-e y, en simultáneo, produce posibilidades de entendimiento y aires de renovación. Es esta la magia, la ferocidad tan sutil que sigue dando valor al teatro como un arte con causa que no deja impasible a quien lo ve y que invita a levantarse del sofá para ocupar una butaca. Lo dijo Ulises: para mostrarle a la niñez —a la humanidad—, que siempre hay esperanza.

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