En una frase:

"Estamos constantemente olvidando. El arte se resiste y trabaja contra ese borrado natural y sistemático. Hay hechos. Hay testigos. Hay memoria. Tenemos pasado. Hay historia madre y hay literatura".
Daniel Ferreira.

Entrevista: "Emy" y la diversidad sexual que habita los barrios de Madrid



Entrevista realizada por Natividad Jiménez López y Gloria Serrano para NHU, el períódico del barrio de Lavapiés, en Madrid.

Para conocernos y reconocernos, para eso estamos aquí. Y como en buena charla de café —o mejor, de bares y copas— hablamos un poco de todo: sus inicios en el ámbito del espectáculo y la imitación, la vida en Lavapiés con sus verbenas populares; de sus gustos y disgustos, su transexualidad y sus afanes. Ella es Milana Rocío, “Emy”, quien nos abrió su ventana personal desde la que mira alrededor. Digamos que, sencillamente, una vecina del barrio que dice ser “ante todo, una madrileña, gata, gata”.

¿Cómo te presentas, quién eres, qué haces? Si nos puedes contar…

R. En realidad, no me tengo que presentar porque he nacido aquí. Mis abuelos vivían en la calle del Oso número once, yo era un bebé y ya veníamos con mis padres a verlos todas las semanas. Y luego, hace treinta y cinco años, cogí la casa en el número seis. O sea, que me conocen desde que nací, el barrio entero. Soy conocida por eso, porque llevo toda la vida aquí.

Para la gente que vive en otras partes, ¿quién es Milana Rocío o Emy?

R. Ante todo, una madrileña, gata, gata. Soy una persona de Madrid, muy alegre y que me he movido por ahí como artista, en Benidorm. Se me conoce mucho por las fiestas de la calle del Oso que, por cierto, nos hemos llevado el primer premio por el engalanamiento de las calles. Este año se han estrenado en la Plaza General Vara del Rey, promovido por la Asociación de El Rastro y ha sido una maravilla lo que han hecho ahí, han puesto un escenario maravilloso, bailes, han llevado todo tipo de artistas y lo han enfocado todo al Madrid tradicional, a nuestras fiestas tradicionales, a nuestra gente mayor, a los chotis, a la zarzuela... ha estado ideal.

En los diarios te llaman La reina de los castizos y te conocen por Emy. ¿Emy y Milana son la misma persona?

R. Milana Rocío es como me llamo, aunque me conozcan como Emy. Yo al barrio le he cambiado la mentalidad de arriba abajo y no estoy como para decirles ahora que me llamo Milana Rocío, me dirían “Oye guapa, para...”, por eso me siguen llamando Emy. Si te vas a cualquier sitio puedes decir “Me llamo Margarita”, pero es que yo he nacido aquí.

¿Cómo empiezas en esto de la música y los espectáculos, colaborando en el barrio?

Yo he querido ser artista toda la vida, me ha encantado vestirme de artista y salir. Con diecisiete años ya estaba trabajando. Lo que pasa, es que he tenido un padre un poquito recto y de la época y no podía despistarme por ahí, como mis amigas o amigos, y llegar a las tres de la mañana. He tenido una familia muy decentita, muy normal, muy bien. Comencé al venirme a vivir a la calle del Oso, donde había otros dos chiquitos que eran transformistas y hablamos de actuar aquí, aunque nosotros ya estábamos actuando por Chueca. Entonces las vecinas empezaron a actuar con nosotras, las vestíamos de Rocío Dúrcal y hacíamos el espectáculo entre nosotros.

“Rocío Jurado, pasión. Es mi musa, mi todo”

A Rocío Jurado, Isabel Pantoja... ¿las admirabas?

R. ¡Muchísimo!

¿Qué te evocan sus nombres?

R. Rocío Jurado, pasión. Es mi musa, mi todo. Si interpretas un poquito bien, es por tantos vídeos que has visto, y luego maquillaje y peluca. Dicen que la hago muy decente y sí, yo creo que sí, que no lo hago mal.

¿En la actualidad quién es tu público?

R. Todo el mundo. Niños, ancianos, hombres, mujeres, todos los vecinos de aquí del barrio. Es que me quiere todo el mundo; no es jactancia, es que presumo de sentirme muy querida, mucho, muchísimo.

“Se está uniendo gente del barrio que no quiere perder estas tradiciones nuestras”

Fotografía © G. Serrano.

Te sientes parte del misticismo que encierra este barrio…

R. Y además todas las vecinas de la calle del Oso que están luchando, cada vez más, y llevan tres meses haciendo flores a mano y quitando las grapas de los mantones para que estén preparados para el año que viene, es una tarea tremenda. Y la unión que tenemos, por ejemplo, para hacer los bocadillos de entresijos y una semana antes de las fiestas, la cena donde cada uno prepara una cosa. Yo siempre bajo una paella y nos lo pasamos bomba y luego nos vamos al Palacio Real. Tenemos mucha unión. La Asociación de El Rastro también está para arriba, se está uniendo gente del barrio que no quiere perder estas tradiciones nuestras.

Digamos que en tus presentaciones no es solo entretenimiento el que ofreces, sino que hay una reivindicación de las fiestas. ¿Es así?

R. Claro, claro, totalmente. No es entretenimiento, yo soy una ciudadana más que no me pierdo la Plaza de la Paja, ni Argumosa ni lo que hay en el barrio. Yo voy de calle, normal, y me encantan mis fiestas.

Precisemos más, ¿cómo percibes el barrio donde llevas toda la vida?

R. El barrio lo veo totalmente cambiadísimo, al cien por cien. Lo que pasa es que las personas que vivimos aquí no lo notamos, lo hacen quienes vienen de fuera o quienes hacía tiempo que no venían y cuando vuelven notan un cambio tremendísimo.

¿A qué te refieres?

R. A la gente mayor que se ha ido y luego viene de visita y dice “¡Ay por Dios! Pero esto qué es”. Y a la delincuencia, las drogas. Cuando paso por Cabestreros he contado a trece sentados en el suelo, de todo. Vamos a ver, que yo soy humana, pero es desagradable a la vista, qué quieres que te diga, que se los lleven a otro sitio.

¿Hablas de gente drogada?

R. Si, hay mucha drogadicción y mucho robo, mucho. Todos los días broncas, robos y está la gente que ni duerme. Cerraron un lugar, creo que se llama La Barranquilla, y se han venido para acá y hay mucha, mucha droga.

Es decir, ¿ves diferencia con el antes y el ahora?

R. Mucho, bastante. Incluso la gente se está planteando hacer caceroladas, como hace muchos años que hicimos y erradicamos bastante. Lo veo cambiadísimo, más el asunto de la inmigración. Yo estoy de acuerdo completamente, ni racismo ni nada de eso, pero siempre y cuando no haya violencia y siempre y cuando no nos quiten nuestras raíces.

Pero vosotros seguís con vuestras tradiciones, vuestra fiesta, poniendo los mantones...

R. Si, el año que viene celebramos los cuarenta años saliendo a la calle en la fiesta de San Cayetano. Cada año, una de nosotras se lleva el santo y este año me toca a mí. Me llevo el santo de la procesión a mi casa y le pongo en un altar.

“Es mi pueblo. Son mis raíces, mi Madrid del alma”

Fotografía © G. Serrano.

Lo de castizo, ¿cómo lo definirías? ¿qué es eso de ser castizo?

R. Es como la que es de pueblo y tiene sus raíces en su pueblo y adora a su santo, esto es lo mismo. Porque Lavapiés es otro pueblo. Yo soy de Madrid, capital, pero vivo en un pueblo y mi santo es San Cayetano, desde que nací. Mi barrio es Lavapiés, Tirso de Molina y La Latina. De ahí no salgo, es que es “mi pueblo”. Son mis raíces, mi Madrid de mi alma.

¿Las fiestas, como el barrio, han cambiado?

R. Si, muchísimo. Este año ha sido tremendo, tremendo de gente, de expansión. Ha venido mucha juventud.

Y de esta transformación, ¿qué es lo que te gusta y qué lo que no?

R. A ver, puede que sea un poquitín conservadora. Me entristece la gente de antes que ya no está, que se ha ido del barrio o ha fallecido. Y que ha venido mucha gente de fuera. Son bienvenidos, pero, claro, el ambiente cambia. No es criticable, pero el ambiente cambia a la fuerza.

¿Qué crees que deberían saber de Lavapiés las nuevas generaciones y quienes llegan a vivir?

R. No hace falta decir nada, se ve. Es un barrio tan étnico, tan multicultural. Yo me voy a comer cuscús y comida senegalesa, y me voy a las tiendas de los chinos y a donde haga falta. Que cada uno tengamos nuestras tradiciones; estoy de acuerdo con todo, siempre y cuando no vengan a robar ni a perjudicar.

Recién llegué, recuerdo que había una tienda de tabaco que ya no está, cerró. El dueño me contó que los vecinos sacaban sillas y conversaban afuera de sus casas. También me habló de las cigarreras —las trabajadoras de antaño en La Tabacalera— y del Molino Rojo. Son cosas que no sabía y le tomé mucho valor a lo que él me contaba.

R. En la calle del Oso se siguen sentando fuera todas mis vecinas. Hay veces que sacamos la cena y nos comemos un bocadillo juntas. En la calle del Oso existe eso todavía. Es muy bonito, muy bonito.

“Mi lucha la hago yendo todos los días por la calle y comportándome como una mujer y como un ser humano”

Fotografía © G. Serrano.

Salgamos un poco del barrio para hablar de la diversidad sexual, ¿cómo viviste el inicio de esa lucha por las libertades sexuales? ¿Cómo fue tu experiencia?

R. Yo estuve en la primera manifestación LGTB, que creo que fue hace cuarenta años, en el 78, cuando tenía dieciocho. Yo he sido muy independiente, mi lucha la hago yendo todos los días por la calle y comportándome como una mujer y como un ser humano. Creo que algunas asociaciones LGTB se están pasando y metiendo mucho drama. Vamos a ver, no digo que no se necesite tanta lucha, pero no creo que sea para tanto.

¿Aún es necesario defender esos derechos?

R. Creo que ya va todo seguido. Los niños de ahora ya no se asustan, lo ven en la tele, nos ven en la calle. Antes veías una transexual y decías “¡Pero esto qué es!”, como si se hubiera escapado del museo de ciencias naturales. Ahora ya no, ahora ni te miran, gracias a Dios. Es de lo más natural.

¿Ya no existen prejuicios?

R. Quiero pensar que esto se va normalizando y una también se normaliza. Antes me creía que un gay era el que iba por ahí “plumeando”, pero no es eso. Tampoco me gusta que en las celebraciones del Orgullo Gay vayan desnudos y morreándose, creo que no hay necesidad de eso, pero sí de hacer bulto, de decir “aquí estamos”.

¿Lavapiés es un espacio inclusivo?

R. Es muy liberal. Hay gente que viene de fuera que, a lo mejor, no es tan liberal, pero no hay problema. La “locaza” de antes ya no existe. Existe el riesgo de que te den una paliza, que eso pasa, hay palizas homófobas. Es muy injusto que vayas por la calle y que por tu condición te metan una paliza tres o cuatro niñatos, que son los que lo hacen. A mí nunca me ha pasado nada.

¿Tu espectáculo lleva implícito algo de protesta, de activismo o nunca lo has visto así?

R. Con que a la gente les guste lo que ve y nos aplauda ya estas luchando. Con que se nos vea es suficiente. ¡Hombre, luchas sin darte cuenta!

“Si me conociera Almodóvar, haría una película”

Entrevista publicada en NHU, el periódico del barrio de Lavapiés, en Madrid. 

¿Cómo ves la política en España, ¿te interesa el tema?

R. Me interesa la política, tengo mis ideas, pero no estoy muy puesta en ello porque no me creo muchas cosas. Mi presidenta es la Rocío Jurado, que con su imitación me ha dado a ganar muchísimo dinero. Y luego, pues luchar por mi vida, sino me muevo no hago nada. Hace cinco años tuve que dejar la peluquería porque los impuestos me comían, no podía mantener eso. Tú no puedes tener un negocio “muy legal” porque es imposible, por lo menos peinando.

El nombre de Pedro Zerolo, ¿qué te dice? 

R. Pues un luchador tremendísimo. También Carla Antonelli, Federico Armenteros. Hay gente muy, muy luchadora que se dedica a ello y tiene un nombre. Uno siente admiración por lo que han hecho.

¿Pedro Almodóvar?

R. Eso es una locura, Almodóvar es mi vida. Vamos, si me conociera Almodóvar haría una película. Me encanta, mucho, mucho.

¿Por qué?

R. Porque su cine es real, es muy de lo que pasa.

Dices que este barrio es tu pueblo, pero ¿cómo percibes la ciudad en general?

R. ¡Hombre, por favor! De Madrid al cielo y con un agujerito para verlo, uf. Soy una enamoradísima de Madrid, totalmente. Cuando terminan las fiestas me gusta pasear sola, viendo cómo quitan las casetas, viendo todo, la Plaza de La Paja. Entonces pienso: “Bueno, un año más, ya ha pasado gracias a Dios”.

No todo es color de rosa, ¿en tus caminatas observas problemas específicos de la ciudad?, ¿hay algo que se deba mejorar o en lo que no se esté poniendo atención?

R. No, a mi Madrid lo veo muy bonito, qué quieres que te diga. Yo evito siempre los problemas, soy muy previsora en ese sentido. Durante el Orgullo Gay se quejaron con Carmena [la alcaldesa] de que el barrio olía a meados y este año han puesto urinarios por todos sitios.

“Bueno, tampoco es una deshonra…”

Fotografía © G. Serrano.

¿Qué te pareció la celebración?

R. Bien, también. A tope, yo me lo paso bomba. Me preguntaban por qué eran las fiestas del orgullo y les digo, bueno, tampoco es ninguna deshonra. Si antes hubieras ido vestido como se va en el Orgullo, te hubieran metido en la cárcel, pero ahora sí se puede y por eso se hace. Todo dentro de una normalidad y un respeto.

¿Es reflejo de una batalla ganada?

R. Sí, sí, sí. Hemos adelantado bastante.

Para ir terminando, ¿qué te gustaría decirles a los vecinos y a nuestros lectores?

R. Vecinos, vecinas, que tenemos que seguir adelante con todo lo nuestro, que tenemos mucha juventud que nos abala y va a seguir nuestros pasos y que, por eso, no debemos tirar la toalla. Estas fiestas no se pueden perder nunca porque son muy bonitas. Así que, a continuar. Un beso para todos, para todo el barrio completo.

¿Qué planes tienes?, ¿dónde te presentarás próximamente?

R. Pues han salido algunas galas en estos días, en pueblos como Chinchón y por ahí. Pero estoy a la espera de que me llamen.

¿Algo que quieras agregar?

R. Doy las gracias a mis vecinas, a las que se dejan la piel en todo estoy. Y muy en especial al bar El Perla; a Vicky, de Baobab, a la calle del Oso, a la Asociación de El Rastro, al Teatro Pavón y a todos los que hacen esto posible. Si me olvido de alguno, perdonadme.

Hasta la próxima...

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