En una frase:

"Los pueblos siempre recuerdan, pero una forma de ayudarles (y ayudarnos) a recordar es describir cómo era el pasado cuando aún era presente", Mario Benedetti.

Caminos que construyen comunidad y memoria

2018 © G. Serrano

Artículo publicado en

Arte para revalorar el patrimonio y apreciar la naturaleza. Tres elementos que entran en complicidad a fin de vincular la memoria rural de dos cordilleras europeas: El Prepirineo aragonés y Los Alpes franceses. 

Fotografía por Roberto Ramos, profesor, documentalista y gestor cultural en Multilateral, asociación aragonesa para la cooperación cultural.

Recién leí una entrevista al sociólogo Boaventura de Sousa en la que afirma que “los jóvenes, sobre todo, desconocen su historia”. Y explica que esto sucede porque “es muy importante para el neoliberalismo la idea de que todo está empezando ahora, que el pasado no cuenta”. En este contexto de tremenda fugacidad y desmemoria, hoy quiero hablarles de un proyecto —pequeño, pero colectivo; local, pero transfronterizo— que intenta, precisamente, poner en valor el bagaje vivencial de las generaciones que nos antecedieron. 

“Muretes de arte”, ideada por la escultora francesa Sandrine Reynaud e inspirada en el arte y la estética del paisaje, es una propuesta que sucede en el ámbito rural a partir de intervenciones artísticas para las cuales el involucramiento de la comunidad es indispensable. El objetivo es que sean los más pequeños, los vecinos del lugar, la gente de toda la vida quienes se impliquen en la creación de un sendero artístico a la vez que un itinerario cultural para admirar los campos y reconocer la riqueza de la zona. 

Lo harán sobre muros derruidos de construcciones de piedra seca, una técnica constructiva declarada bien inmaterial catalogado en Aragón en 2016. Para su creadora, se trata de formar una “constelación” de puntos señalizados en el camino que rindan homenaje a aquellas cosas perdurables en el tiempo, a la lentitud como una cualidad que permite observar y a la contemplación —en sí misma placentera— como método para comprender de dónde venimos, dónde estamos parados y cuál es el rumbo hacia el que vamos. 

Es caminar para pensar, detenerse a mirar lo pequeño para comprender lo grande, sentir curiosidad, querer indagar y, entre vestigios, descubrir tesoros intangibles fundamentales: pedazos de una historia común. Esta no es una ocurrencia. La primera intervención se realizó en 2016, en la localidad de Saôu en Francia y participaron más de una decena de artistas. En España fue Bierge la población que en 2017 acogió el proyecto con entusiasmo. 

Este año se tiene prevista su continuación, entre el 21 y el 30 de septiembre, en Apiés, Lienas, Sabayés y Santolarieta, a los pies de la Sierra de Guara en Huesca. Para lograrlo han convocado a personas preocupadas por la conservación del patrimonio, profesionales de la construcción en piedra seca, artistas plásticos, habitantes de los pueblos, jóvenes que desean aprender la profesión, colegios interesados en la enseñanza del Land Art para fomentar la creatividad de los estudiantes y organismos culturales diversos que ven en las artes una forma de mantener la identidad, eliminar barreras y favorecer la cohesión social.

Fotografía por Roberto Ramos, profesor, documentalista y gestor cultural en Multilateral, asociación aragonesa para la cooperación cultural.

En términos prácticos la iniciativa también persigue dinamizar aquellos sitios poco favorecidos por el turismo de masas y renovar la vida de la España vacía que narra Sergio del Molino, la que antes describieron con frases precisas otros caminantes, poéticos flâneurs como Antonio Machado, Federico García Lorca y Camilo José Cela; la dehesa con su éxodo iniciado en 1950 que, gradualmente, se ha ido despoblando y, lo más grave, quedándose sin nadie que quiera saber qué sucedió ahí y cuáles fueron los caminos por los que pasaron los abuelos. 

Caminos para disfrutar, proteger y cuidar que forman parte de los bienes naturales y culturales de los pueblos, que conservan relatos de época y nos hablan del modus vivendi de las periferias alejadas de las grandes capitales, tan atrayentes, tan cosmopolitas. Sin embargo, son en estos extrarradios donde se concentran tradiciones, costumbres, pasajes históricos desconocidos, sabores únicos de fogones, crónicas de viajes, saberes ancestrales, secretos familiares impensables. En suma, testimonios del acontecer de un país que constituyen un aprendizaje superlativo para las siguientes generaciones, una suerte de educación expandida más allá del aula.


Muretes de arte es todo esto y lo que quienes participen puedan imaginar juntos con el aporte económico —y voluntario— de la ciudadanía a través de la plataforma de microfinanciación Verkami. En la segunda fase, del 1 al 7 de octubre, se prolongará a Saôu y Mornans para hacer el enlace con Francia. Alcanzar la meta de financiación significa garantizar la itinerancia del proyecto, impulsar la cooperación internacional entre España y Francia, así como permitir el intercambio del saber hacer entre los pareteros, maestros de la piedra seca y los artistas, a través de las dos residencias consecutivas programadas para septiembre y octubre.

En concreto, la cantidad recabada se dedicará a la producción de las siguientes actividades: 
  • Creación de las obras de arte y su integración en los muros de piedra seca (3 artistas). 
  • Apoyo técnico a los artistas por parte de profesionales en piedra seca. 
  • Dietas para la residencia.
  • Presentación del Proyecto Muretes de Arte (España) - Murets d'Art (Francia) y mesa redonda divulgativa en Apiés.
  • Gestión, organización y promoción de las jornadas. 
Para la UNESCO, “el pensamiento y la forma de actuar de cada momento se reflejan en los restos arqueológicos, en los monumentos, en nuestros cascos históricos o en el paisaje que fruto de la labor del ser humano se ha ido modelando a lo largo del tiempo. Este legado del pasado es el que nos permite comprender las líneas decisorias que han forjado nuestra cultura, con todas sus influencias y raíces”. Para Sandrine Reynaud y Santiago Pujol, paisajista español que la acompaña en la aventura, esta es la contribución con la que se adhieren a otros llamados —o invitaciones— para repensar la relación entre el ser humano y su entorno.


“Tramos como estrellas”, dice Reynaud al referirse a los muretes. Como estrellas que resplandecen en la oscuridad de la noche con la metáfora implícita del arte para iluminar un horizonte mundial complejo en el que, de manera progresiva, la estimación por las humanidades está a la baja en contraposición al interés que despierta la tecnología. Muretes a modo de señales para no perderse en medio de las noticias falsas y de los algoritmos; signos que están ahí, representando otra cosa de mayor calado; las huellas de aquellos que antes caminaron por estas mismas veredas y con avidez esperan a transferir sus conocimientos. 

Por si no fuera suficiente, un recordatorio de lo bien que hace al hombre encontrarse vis-à-vis. Reunirse no solo para revisar el almanaque, sino para colaborar y construir futuro. Para edificar nuevos muretes.

Fotografía por Roberto Ramos, profesor, documentalista y gestor cultural en Multilateral, asociación aragonesa para la cooperación cultural.

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