En una frase:

"Estamos constantemente olvidando. El arte se resiste y trabaja contra ese borrado natural y sistemático. Hay hechos. Hay testigos. Hay memoria. Tenemos pasado. Hay historia madre y hay literatura".
Daniel Ferreira.

Bitácora del barrio 63: Me acuerdo (o lo que 2018 nos dejó)

Hojarasca sobre la glorieta de Santa María de la Cabeza, otoño 2018 en Madrid. Foto: G. Serrano.

Columna publicada en el número 63 de NHU, el periódico local del barrio de Lavapiés 
en Madrid:


De ojos saltones, cabello crespo abultado y barba estilo cola de pato, George Perec fue un escritor copioso —de novelas, guiones, ensayos, poemas— que representa una parte importantísima de la literatura francesa del siglo XX y, sobre todo, un ser humano fascinado con la idea de hacer memoria, de no olvidar. Su sonrisa era contagiosa y su mirar reflexivo, chispeante, afectuoso; a veces de diablillo, otras de abuelo perspicaz, siempre generoso. En Je me souviens: les choces communes (Me acuerdo: las cosas comunes, 1978), anotó 478 enunciados que recapitulan la vida cotidiana en París, en la Francia que vivió. Dejó escrito, por ejemplo: 

185. Me acuerdo de los agujeros de los billetes del metro. 

34. Me acuerdo de la cinemateca de la avenida Messine. 

410. Me acuerdo de la antigua estación de Montparnasse. 

Tal como ocurre en la realidad, contiene un poco del entero: vivencias personales, eventos locales, fechas desdeñadas, momentos célebres. La sevillana Yolanda Morató, filóloga, dice de esta obra que “nos ofrece la posibilidad de viajar a través de un personaje de otra época y en otro contexto —para algunos quizá desconocido—al tiempo que nos devuelve nuestro pasado en forma de nombres y lugares que ya son parte imborrable de nuestra biografía”. Y es verdad, las semblanzas particulares se entrelazan con el existir en colectivo, con lo que nos sucede a todos y cada uno experimenta diferente en lo individual. Aunque no se trata de elaborar un anecdotario narcisista ni un archivo estéril, sino de mapear el camino —la historia— para dimensionar el sentido o sinsentido de cada tramo, pues, como pensaba Mario Benedetti, “el pasado es un saldo constantemente actualizado”. Este año que está por terminar, en Madrid —y en otras regiones de España— hubo acontecimientos de los que fuimos testigos o protagonistas. Situaciones que seguimos con atención o que ignoramos o que solo supimos de “oídas”, sin detenernos a reflexionar en el asunto. No son todas las que están ni están todas las que son, pero: 

Enero. Me acuerdo de la película 120 pulsaciones por minuto (Francia, 2017) y de la manta colgando de un edificio en Argumosa: “Lavapiés contra la turistificación y gentrificación. El barrio para las vecinas. #NormaSeQueda”

Febrero. Me acuerdo de esta exposición en Fundación Canal: Tolouse-Lautrec y los placeres de la belle époque

Marzo. Me acuerdo de la protesta frente a la embajada de Brasil por la muerte de Marielle Franco. Y de este cartel en Carabanchel: “Manifestación 17 de marzo. 11 horas Puerta del Sol. Blindemos las pensiones en la constitución”

Abril. Me acuerdo de las fotografías de Ed van der Elsken en Fundación MAPFRE y de la exposición “Letras libertarias: propaganda, cultura y artes gráficas en el Madrid de la transición, 1975 – 1982”, que visité en la Imprenta Municipal. 

Mayo. Me acuerdo de la manifestación #MadridNoSeVende y haber leído esto sobre un muro en Vallecas: “1 mayo. Legazpi – Atocha. 11:45. Bajo nuestras diferencias late la misma revolución”

Junio. Me acuerdo del Teatro Comunitario en los barrios, del taller para jóvenes entre 16 y 25 años que se realizó en el Centro de Participación Juvenil La Rueca, en el barrio de San Pascual – La Concepción. 

Foto: G. Serrano.

Julio. Me acuerdo de que en el mercado San Antón había un letrero que decía “Un barrio no es otra cosa que las personas que lo forman. Chueca, el orgullo de construir un barrio”

Agosto. Me acuerdo de que en Valdeacederas, en el Distrito de Tetúan, pintaron la consigna “La especulación mata los barrios”

Septiembre. Me acuerdo de “Dime, dime si es posible vivir aquí. No me dejan ni siquiera reír. No me dejan ni cantar”, fragmento de la canción de Los Bravos (1966) que conocí en la exposición El pintor de canciones, en Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa. 

Octubre. Me acuerdo de Madrid Gráfica18, la convocatoria de carteles para hacer una reflexión sobre la ciudad acogedora y la cultura urbana de nuestras ciudades, con casi 600 participantes de 55 países. Y del cartel “La ciudad es persona cuando te miro, me miras y nos miramos”, de Natalia Volpe, franco-argentina. 

Noviembre. Me acuerdo de una escalinata en el parque Ciudad de los Ángeles, en Villaverde, donde alguien escribió “El enemigo viene en yate, no en patera. Stop nazis”

Diciembre. Me acuerdo de cierto atardecer sobre Gran Vía y de esta frase de Ray Bradbury: "Se aman los ocasos porque se desvanecen. Se aman las flores porque son efímeras". Tan efímeras como nosotros y nuestro paso por la Tierra. 

Carpe diem y ¡Felices fiestas!

Foto: G. Serrano.


Lee las columnas anteriores:

Bitácora del barrio 62: Pan de vida
Bitácora del barrio 61: Entre lo público y lo privado
Bitácora del barrio 60: Insignificancias que nos dan sentido
Bitácora del barrio 59: Suficientemente cerca
Bitácora del barrio 58: Decir, mirar Lavapiés

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